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Santa Marta celebró, por primera vez en su Historia, una eucaristía ante la Sagrada Cena 05/01/08. Eduardo Álvarez Aller, Víctor Manuel Arteaga Tejerina y Marta Franco López.
La misa fue presidida por el consiliario de la Hermandad, D. Félix Díez Alonso, en un altar que tenía el mejor de los retablos, la magnífica obra que tallara magistralmente con su gubia el insigne D. Víctor de los Ríos y de fondo una gran cortina de damasco color rojo sangre. El pasado día 5 de diciembre se había procedido a la bendición de dicho altar, por parte de D. Toribio Cuesta García, párroco de la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario, a la cual pertenece la capilla.
Llegados al altar los dos velones fueron colocados en la propia mesa del grupo escultórico. La Sagrada Cena aparecía tal como procesiona por las calles leonesas cada Jueves Santo, con pan natural, la jarra de plata y el cáliz que reproduce el venerado en la Catedral de Valencia. La celebración eucarística, correspondía al III Domingo de Adviento, conocido como domingo de Gaudete. El color de la casulla era rosado, color litúrgico permitido en dicho domingo, así como en el IV de Cuaresma, viniendo a significar gozo y esperanza, dentro del carácter penitencial que imprimen los tiempos en que puede utilizarse. A lo largo de la ceremonia participó un amplio grupo de hermanos y hermanas de Santa Marta de diversas edades para realizar las tareas de monición, acolitado, lecturas y preces. El Evangelio, según San Juan, presentaba a Juan el Bautista como testigo de la luz. Tras la consagración, la formación musical de la Hermandad interpretó la marcha Real, asimismo la celebración contó con el acompañamiento de voz y órgano.
Asimismo, la banda titular de la Hermandad se sumó a la celebración y le puso el broche interpretando cuatro de las marchas que componen su repertorio. Las piezas elegidas fueron “La Dolorosa”, “Cristo viejo” y “Soleá” de Alberto Escámez y “La Dolorosa” popular. Como es habitual, la Marcha Real puso fin a uno de los actos que sin duda, supondrá un hito en la Historia de Santa Marta. Con la entronización del paso en la capilla se pone fin a uno de los mayores problemas a los que se ha enfrentado la hermandad desde que la majestuosa obra llegara nuestra ciudad, encontrar un lugar digno y adecuado para alojar el conjunto escultórico, no sólo debido a las dimensiones del mismo, sino también en unas condiciones idóneas y acordes con los materiales con los que está elaborado. Por tal motivo, durante muchos años ha sido una preocupación para las Juntas Directivas encontrar un lugar digno donde alojar el paso. Locales de muy diversa índole lo han recogido hasta nuestros días, pero una obra de esas características no puede ni debe quedar encerrada entre cuatro paredes privando de admirar tan monumental composición a todo aquel que así lo desee.
La idea surgida de un hermano, madurada por toda la junta directiva y respaldada por todos los hermanos ha permitido que por fin, ahora, el paso se encuentre en un lugar acorde con su naturaleza, una capilla, un lugar bendecido y consagrado. |