Pies desnudos

«Pensamos para vivir pero, sobre todo,
pensamos porque vivimos»
Miguel de Unamuno

   Piensa que la vida transcurre con la fugacidad de esa Semana que vuela entre Dolores y Resurrección, con la rapidez de la primera tirada de un bracero bisoño, como el sabor de la procesión recién concluida. Piensa que el mundo entero vive del revés haciendo fácil lo difícil, complejo lo sencillo, valioso lo insignificante, nimio lo fundamental. Piensa que todo puede cambiar o ser cambiado, que estamos condenados a revivir la desgracia, a ser peces olvidadizos del ayer y el anteayer, a ser portaequipajes de valores cercanos al fanatismo y a la impiedad, a ser humanos carentes de toda humanidad. Piensa que rasear es la única terapia para escapar de la locura, para poder bucear en la incomprensión, para vencer el desánimo, para diferenciarse de sí mismo y de los demás.

   Piensa que las cofradías son mucho más que Semana Santa y que ésta es algo más que procesiones. Piensa que bajo las túnicas y los uniformes late un sentimiento que puede ser moldeado en busca de la fraternidad. Piensa que la caridad, la formación, la tolerancia, la humildad continúan siendo asignaturas pendientes en la reválida de nuestra celebración pasional. Piensa que el buen gusto y la consonancia estética no están reñidos con la economía, que con voluntad la meta común estaría próxima y no remota, que aún es posible salvarnos de la debacle. Piensa que los hermanos deberían elegir a sus abades, que el Museo es una obligación moral y una necesidad acuciante, que no hay verdadero interés en que la Semana sea Santa y sus cofradías sean hermandades. Piensa que es necesario reflexionar y opinar, que se debe huir de toda corriente borreguil defendiendo ideas y conceptos propios, que han de construirse puentes en vez de muros, que el feudalismo y el vasallaje no pueden continuar vigentes ni un día más.

   Piensa que nadie está en posesión de la Verdad, que no hay ángeles ni demonios, que quizá todos tengamos razón pero también todos estemos equivocados. Piensa en el ciclo gaussiano que afrontamos, en el síndrome de la almohadilla vacía que nos amenaza, en el movimiento que algunos pocos siguen abanderando, en la globalización que nos amputa libertades, en los pasos que hemos dado hacia atrás. Piensa en la semanasantización de la Semana Santa, en las tradiciones y en las contradicciones, en el lugar robado a los discípulos de Juan, en la experiencia que muchos aún no han demostrado, en el aggiornamento que llega tarde a su cita. Piensa que sólo nos queda soñar, que la horqueta sigue siendo un soporte para apoyar el trabajo del bracero, que la casa grande está abarrotada de vecinos en los que reflejarnos.

   Pero, por encima de todo, piensa que, mientras unos pies desnudos, busquen respuestas a preguntas por todos formuladas y por nadie imaginadas, cada momento, cada sinsabor y cada esfuerzo habrán merecido la pena: seguirá cobrando sentido la Semana Santa.


Lectura del Acta anterior