| Guardar silencio |
«Que pueda usted vivir todos los días de su vida»
Pasada una Semana Santa más, que a todos nos ha convertido en más viejos y más sabios, a quien esto escribe le abordan mil y un temas, con sus consiguientes e interminables matices, que podrían ser objeto de comentario en estos raseos que comparto desde hace casi dos años y medio. Tal vez por ello, he guardado silencio durante este tiempo, esperando a decantarme por alguno lo suficientemente importante para ser digno de análisis. Podría -aunque no voy a hacerlo- hablar de chapuzas estéticas, de imágenes chorreando, de seises que no tienen ni idea, de cofradías que carecen de brújula, de desbandadas de hermanos, de almohadillas vacías, de hosteleros que pretenden organizar, de instituciones que miran hacia otro lado... son tantas las cuestiones que afectan a nuestra celebración que podría dedicarme en exclusiva a relatarlas aquí, una por una, consciente de que nunca las agotaría. Por otro lado, no me resisto a declarar mi satisfacción por algunas opiniones que se dejaron oír fuera del seno horquetero -y ahí radica su importancia- durante la pasada Cuaresma. Ya son más los que hacen ejercicio crítico en esta Semana Mayor que, aunque en apariencia simula normalidad, en esencia, agoniza ante la absoluta indiferencia de la mayoría de los parroquianos, sean éstos papones, seises o leoneses que asisten al espectáculo desde la acera. Sé bien que estas líneas jamás recalarán en los cerebros de esa gran mayoría que gusta de vestir túnica una vez al año. Y menos aún en sus corazones, pues entiendo que, si les importasen algo las cofradías a las que pertenecen, no las dejarían a merced de pretenciosos ignorantes que no suelen guardar silencio cuando debieran hacerlo. Por el contrario, la masa -mayoritariamente adocenada- enmudece, continuando sin plantearse ningún porqué... o habla cuando no procede... «El año que viene, hago la procesión completa si el Barça gana la Champions » le dijo un bracero a otro, antes de abandonar el paso a escasos metros de la salida; una promesa de gran calado que, sin duda, deberá cumplir el anónimo papón en la próxima semanasanta . Y es que, lo que para algunos es Semana Santa, para otros no es más que semanasanta . Cuestión de puntos de vista, pero con muchas diferencias. Y grandes. Son infinitas –al menos, así me lo parece- las posibilidades espirituales, prácticas, materiales, económicas, turísticas, culturales, humanas, artísticas... de la celebración pasional, de tal forma y manera que las cofradías podrían estar desarrollando proyectos sin descanso ni fin, uno tras otro y de muy diversa índole. Es lastimoso apreciar cómo todo el caudal que se genera cae en picado en Resurrección, convirtiendo el fin de las procesiones en su Niágara particular. El extraordinario empuje, que crece durante la Cuaresma con cultos, actos y publicaciones –manifiestamente mejorables, sí, pero constituyen un buen punto de partida- y que eclosiona en los días santos, no debe dejarse morir a la finalización de éstos. ¿De qué sirven los miles de euros que los hermanos ponen en manos de las juntas de gobierno si estos, en muchas ocasiones, se malgastan en caprichos de dudoso gusto, en la continuación del sempiterno «querer y no poder»? ¿De qué valen los cientos de horas que se dedican a preparar los pasos, a ensayar las marchas, a organizar actividades...? ¿Para qué el desmesurado esfuerzo de braceros y papones, de espectadores y turistas, si todo parece diluirse al concluir cada Semana Santa? Son preguntas que obtienen el silencio por respuesta porque, si en verdad quisiéramos hallar una solución, real y coherente, tal vez nos dolería mucho advertir en qué punto del camino nos encontramos. Aún así, algunos seguimos obstinados en dar nuestra versión, en airear un ideario que -a la vista de la labor realizada- es, cuando menos, fundado, siempre evitando caer en los acostumbrados absolutismos, esa política del rodillo que algunos ejercen con maestría tratando de imponer el pensamiento único . Ya no –lo siento si alguien discrepa- pueden ser admisibles las opiniones de los que, como en el hecho real que he traído a este raseo, confunden Semana Santa con semanasanta ... o con carnaval. Y es que uno, ya ha vivido demasiadas situaciones desagradables como para analizar la situación con los ojos de un niño que estrena inocencia cada Domingo de Ramos. Confieso que me gustaría ver las maravillas que muchos pregonan donde -con toda humildad y respeto- sólo aprecio falta de entusiasmo, de rigor, de cordura. Pero, como no es así, sigo esclavizándome a lo que digo y a lo que escribo, porque prefiero no ser dueño de un silencio que convierte al que lo guarda en vergonzoso cómplice del rumbo -a todas luces equivocado- que está tomando la historia. |