Acerca del patrimonio imaginero de las cofradías

La más noble función de un escritor es dar testimonio,
como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo
que le ha tocado vivir

Camilo José Cela

 

A todos se nos llena la boca diciendo que la Cofradía a la que pertenecemos cuenta con una talla de una época, de un determinado estilo y de tal autor. La fotografía que da imagen a este acta, cedida por “El Cazurro Ilustrado”, deja de manifiesto que ese celo por el patrimonio no lo es tanto a la hora de manipular las imágenes o cualquier otro elemento. Podemos tener entre nuestras manos auténticas joyas del siglo XVI, XVII, XVIII, e incluso del siglo XX, pero casi siempre actuamos de forma irresponsable y temeraria, no solo en cuanto a su transporte se refiere, sino también en que atañe a su conservación y restauración, aspectos primordiales si queremos legar a las generaciones futuras el patrimonio actual.

El caso es que parece no importar mucho cómo se mueve una talla ni cómo se traslada hasta el lugar del montaje de pasos, al igual que la operación inversa que devuelve las imágenes a su lugar de origen. Generalmente se trata a las imágenes como meros objetos sin tomar ninguna medida preventiva que evite cualquier daño o accidente que puede resultar irreversible.

Pero si precaria es su manipulación, la conservación y, en muchas ocasiones, su restauración también lo son. Con unos buenos criterios acerca de traslados y conservación, se evitaría llegar al siguiente paso, el de la restauración. Lo que es incomprensible es que se estén restaurando continuamente los pasos, cuando en realidad esta acción tenía que ser muy puntual y en casos extremos, derivados del paso del tiempo y no de manos imprudentes, ignorantes quizás, de lo que portan, o de abades imprudentes que sacan procesiones en condiciones climáticas adversas o que almacenan las tallas en lugares de dudosa seguridad. A los primeros habría que instruirles en los modos y formas de transportar y almacenar una imagen, siguiendo criterios de conservación encaminados a evitar cualquier intervención. En cuanto a los segundos habría que plantear su continuidad en sus cargos pues con sus acciones dejan bien patente su incompetencia para preservar un patrimonio histórico-artístico, así como humano. No obstante esto nos puede llevar a una duda, el objeto de las penitenciales es promover una vida, unos actos, catequizar… o por el contrario el único y absoluto fin es el de sacar una procesión como sea y en las condiciones que sea. La Semana Santa por la Semana Santa. Respondan ustedes.

Otro día hablaremos acerca de la efervescencia restauradora a la que estamos asistiendo.

Que conste en acta la importancia de la conservación para evitar restauraciones.

Lectura del Acta anterior