Requiescant In Pace

   Ave María Purísima.

   Sin pecado concebida.

   Vuelvo a estar aquí, Padre. Y además, ahora que estamos en Año Jubilar en nuestra Diócesis, pues con más ganas que nunca, por eso de lo de ganar indulgencias, ya sabe.

   Sí, claro que sí, hijo. ¿Y qué te ocurre en esta ocasión, que te veo triste?

   Pues verá, Padre. El 11 de octubre fue el cabo de año de Luis Pastrana. Sabe quien era, ¿verdad?

   ¡Y quién no! Cronista Oficial de León, entre otras muchas cosas pero, sobre todo, un enamorado de esta tierra y quizás uno de sus mejores conocedores. Además -y por lo que imagino nos respecta en esta ocasión- trabajaba mucho el tema de la Semana Santa. ¿Me equivoco?

   Para nada, Padre. Luis fue un gran entusiasta de la Semana Santa, y también un gran estudioso. Tenía miles de datos, folios y folios escritos -y muchos de ellos inéditos- sobre las cofradías, sus relaciones con el Ayuntamiento, sus templos, …

   Además, dicen los que le conocen que también fue una gran persona. Debía ayudar a todo el mundo ser siempre amable con la gente.

   Pues, hombre… Yo no puedo hablar por todo el mundo…

   Evidentemente, hijo; evidentemente…

   Pero por lo que a mí respecta, fue un gran amigo y nunca me dijo que no a nada que le pidiera. Ahí quedan para la posteridad nuestros trabajos juntos, como su introducción a la Regla de Jesús de 1611, que yo mismo re-descubrí, su presentación de mi conferencia sobre música cofrade, su revisión de mi estudio sobre las saetas en León en 1853 o, por qué no, mi colaboración en sus Políticas Ceremonias en el siglo XXI. La verdad -y no quiero ocultar mi orgullo- fue para mi un honor colaborar con él, y más en una obra de tal calidad. Ha sentado un antes y un después, sin ningún género de dudas, en la historia municipal de León.

   ¡Caramba, muchacho! Te veo muy contento…

   ¡Claro! Pero no se vaya a pensar que era así sólo conmigo. Que yo conozca, a mucha gente le trataba igual de bien, y eso es de agradecer.

   Ya veo… Supongo que aún se le eche de menos, claro.

   Por supuesto que sí. Pero, además, a todos los niveles. No se imagina lo que se echan de menos los consejos, las orientaciones, los intercambios… ¡y hasta las discusiones!

   Claro, claro… Pero bueno; dentro de lo que cabe, ha tenido un merecido homenaje, ¿no te parece?

   Hombre… Pues no sé que decirle; la verdad es que el mejor homenaje que todos podemos hacerle es rezar por él. Pero, al margen, pues bueno… el Ayuntamiento ha hecho lo que tenía que hacer, algunas instituciones también… Pero… Yo creo que lo importante ahora es seguir su ejemplo y continuar contribuyendo a lo que él mismo dedicó su vida, que no fue otra cosa más que entender León.

   Bien, hijo. Pues en penitencia -y ya que, como bien dices, es el mejor homenaje que se le puede hacer- reza por el descanso de que su alma. Vete en paz.

   Amén.


Lectura del Acta anterior