Viernes de Dolores

    Ave María Purísima.

    Sin pecado concebida.

    Padre, padre, padre, padre, padre, …

    ¿Qué te ocurre, hijo?

    No se lo va a creer, padre…

    Sosiégate, muchacho. ¿Qué es lo que ocurre?

    ¡Pues qué va a ser! ¡Que ya es Viernes de Dolores!

    ¡Qué susto me has dado! Ya pensaba yo que te ocurría algo.

    ¡Y le parecerá poco! ¡Dentro de nada sale la Morenica a la calle!

    Hay que ver como os sienta a vosotros, los cofrades, la llegada de la Semana Santa. No cabe duda de que es vuestra Semana, siete días…

    Diez, diez…

    Bueno, eso… diez Días sin los que casi no sabríais ni vivir. Parece que este tiempo quiere correr más de lo habitual, y casi sin darse cuenta, ya ha llegado el Domingo de Resurrección. Seguro que hasta le acabáis debiendo horas al sueño.

    ¡Uy, Si yo le contara…! Mire, ya desde el mismo Miércoles de Ceniza, desde el comienzo de la Cuaresma, algo en mí se transforma que me altera –en el buen sentido de la palabra, claro está– y no me deja ya tranquilo hasta pasada la Semana Santa. Y eso que ya de por sí no soy precisamente calmado.

    No hace falta que lo jures, no. En cualquier caso, la Cuaresma es precisamente el tiempo de preparación para la Semana Santa, de centrarse –podemos decir– en lo que en estos días vamos a vivir. En este tiempo se multiplican los actos relacionados con el misterio principal de nuestra fe. Por tanto, es normal –y si no fuera así, malo– que todos los católicos experimentemos un cambio en nuestro interior. Cuanto más aquellos que tenéis una especial devoción a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

    Es que pasar por el Mercado el Miércoles de Ceniza y ver ahí a la Reina y Señora de León, en su camarín, ya dice mucho. Cualquier día impresiona, pero el Miércoles de Ceniza –no me diga por qué– es una sensación especial. Sólo de pensar que en unos cuantos días podremos acercarnos a Ella, en la calle, …

    Bueno es acercarse a la Virgen del Mercado –o a cualquier otra, o a cualquier imagen de Su Hijo– en estos días de Cuaresma y Semana Santa. Pero no hemos de olvidar que nuestra presencia a Su lado ha de ser durante todo el año. De poco o de nada sirve dejarse la piel estos Días, si después Los olvidamos el resto del año. En la eucaristía se revive la Pasión y Muerte de Jesús, y eso debemos tenerlo presente.

    Claro que sí, padre. Pero en estos días en que las imágenes son las protagonistas, las dueñas de las calles, las procesiones son un algo especial que anuncia en mi interior un hormigueo que viene a susurrarme: ¡eh, tú, no te olvides de esta procesión!

    Hombre, claro está que la Semana Santa tiene un potencial muy grande; es la muestra de piedad popular más arraigada en esta tierra –y con diferencia– y eso es por algo. Y hoy, que es un día especial y te veo ya con ganas de marchar…

    Es que… dentro de nada va a salir la banda de Jesús en ordinaria, y aunque este año sea algo raro –por eso de que ya no será la de Cornetas y Tambores que llamaban Sénior– iremos con ella desde Santa Nonia hasta el Mercado. Pero bueno…

    Nada, nada… Me ahorraré todo el discurso de cura , que ya te he dicho en más de una ocasión y que seguro que podré repetirte más veces.

    ¡Eso seguro! En cuanto pase Semana Santa vendré de nuevo a verle. No se imagina el bien que me hace…

    Me alegro, hijo. Precisamente para eso sirve el sacramento de la penitencia, para volver a estar en buena relación con Dios. Solamente quiero insistir una vez más en algo fundamental: todos los pasos que vas a ver por las calles, no son más que imágenes. No te quedes en ellas, que trascienda tu devoción hacia Quienes representan.

    Así lo haré, padre.

    Pidamos a Dios que el tiempo acompañe durante la Semana Santa y que ésta transcurra como está previsto. Reza al Señor tres Padrenuestros y tres Avemarías a Su Santísima Madre. Por cierto, ¿a qué hora sale hoy la procesión?

    A las 20:00 h.…

    Es para ver si me da tiempo a llegar. Vete en paz.

    Amén.


Lectura del Acta anterior