Idolatría

    Ave María Purísima.

    Sin pecado concebida.

    A este confesionario vuelvo, Padre, con las fuerzas renovadas tras el parón veraniego.

    Parón, lo que se dice parón…

    Bueno, ya me entiende, padre. Parar no se para nunca, pero en estos meses de calor, pues se toma uno las cosas de otra forma. Además, la actividad cofrade es bastante escasa…

    Bien viene relajarse un poco de vez en cuando, hombre, aunque sólo sea para coger aire, y volver a empezar. Y dime, hijo, ¿qué te trae por aquí?

    Pues verá… Hace algún tiempo que le vengo dando vueltas al tema de la devoción. Y es que hay ocasiones en que uno se queda un tanto desconcertado al ver como no son pocos los que viven con verdadera pasión cegadora la devoción por una imagen.

    No veo que sea malo que los fieles sean devotos de una determinada imagen, que la recen, que la pidan auxilio, que la ofrezcan su sufrimiento… En definitiva, no deja de ser una forma de superar el día a día.

    Sí, padre. En eso estamos de acuerdo. Pero –aunque pueda sonar a disparate– hay veces que me recuerda a lo del becerro de oro.

    ¿El becerro de oro?

    Sí, sí… auténticos fenómenos casi idolátricos, con devoción prácticamente única hacia una imagen en concreto, como si las demás no existieran y –sobre todo– como si todo terminara en ese trozo de madera.

    No sé yo que decir… Sería absurdo negar que unas imágenes tienen más devotos que otras, y en eso influyen muchos aspectos, pero de ahí a hablar de idolatría…

    Mire… Hace ya algún tiempo que Javier Fresno –un sacerdote cofrade de esos que tienen renombre– apuntaba que en la actualidad podían darse fenómenos totémicos en la devoción a las imágenes. Y es algo que no nos debería pasar desapercibido.

    Hombre, las imágenes han de trascender hacia Aquello que representan. Si no, de nada servirían. No hay que quedarse en las imágenes en sí. Son meras representaciones. Y hay algunas que, además, tienen gran valor artístico. Qué duda cabe…

    Y hay otras que valen más bien poco. Y eso, siendo generosos. Tampoco cabe duda. Pero ese es otro tema…

    Qué muchacho… De todas formas, no creo que haya mucha gente que no entienda lo que es una imagen.

    No le sé decir si será mucha o no, lo que sí me da a mí la impresión es que hay alguno. Y digo yo que tendremos que poner los medios para evitarlo, ¿no? Y como las cofradías no se preocupan por la formación de sus hermanos…

    Bueno, bueno, …

    En cualquier caso, no hay más que comparar la afluencia de fieles en una procesión de Semana Santa –en la que salga alguna de las imágenes con gran devoción– y en la de Corpus Christi. Y no le digo ya un día normal en misa… Hay algo que no cuadra

    La Semana Santa mueve mucha gente; es evidente. Y a mucha de esa gente se la echa de menos en misa, por ejemplo. Pero quizás ahí lo que falle sea, también en parte, nuestra labor de evangelizadores.

    No le digo yo que no. Pero eso también es otro tema. Y, en cualquier caso, se debería –al menos, eso creo– hacer un esfuerzo por conseguir que toda esa gente que está en la procesión y luego no pisa la iglesia, acabe yendo.

    Y también que todos aquellos –que, esperemos, sean los menos– que en su devoción a una imagen no van más allá, comprendan su verdadero valor.

    Y quizás la raíz de ambos fenómenos –que, en ocasiones, es el mismo– sea la misma, la falta de una base religiosa consistente, el no tener las ideas claras, la necesidad de formación.

    Pide, pues, al Señor, que eso no pase. Reza en penitencia tres Padrenuestros para que Cristo nos ayude a que las iglesias estén cada vez más llenas, para que los papones sean papones de verdad. Sólo así se conseguirá una Semana Santa auténtica. Vete en paz.

    Amén.


Lectura del Acta anterior