| Mi tessssoooooro |
Sin pecado concebida. Aquí estoy de nuevo, padre, a punto de acabar el año, con la Semana Santa asomando ya a la vuelta de la esqui… ¡Ya es mioooooo! ¡Mi tessssoooooro! ¿Cómo dices, muchacho? ¡Mi tessssoooooro! ¿…? ¡Mi tessssoooooro! ¿Te encuentras bien, hijo? Perdone… no sé qué me pasa… es como si tuviera un conflicto interior entre dos ego diferentes… Unmmm… Qué no, hombre, que es broma… Je, je… Aunque llegue tarde la inocentada , qué mejor que acabar el año con un poco de humor, ¿no? ¿Humor? Esto no es ningún chiste, muchacho, y además no tiene la menor gracia… Tiene razón, lo siento… de verdad… Pero es que anoche me desperté sudando, acelerado, en medio de una pesadilla, y quizá así –en ambiente– me explicaría mejor. Pues ha sido un error… Vale… lo siento… A ver, anda, cuéntame… Pues verá, el caso es que –no me diga cómo– desde que recuerdo, yo era un hobbit-papón, y después de muchos avatares vino a caer en mis manos una vara de abad… Me parece a mí que ya sé de que va la historia. … y resulta que yo tenía que destruir lo que significaba esa vara, porque quien la poseyera se volvía muy, pero que muy poderoso… Y alguien te la quería quitar, ¿no? Uff… pues sí… unos cuantos paisanos, que decían estar llamados a sentir ese poder . Vamos, que sólo falta el malo… Pues… bueno, no… al final todos los que queríamos acabar con el tesoro tuvimos que enfrentarnos con los malos, a cuya cabeza se encontraba el cerebro, un pequeño ser de personalidad muy marcada, muy rudo él, a quien todos obedecían. Vaya, vaya… ¿Y cómo terminó? ¿Ganasteis los buenos? No lo sé… Justo antes de que empezara todo, me desperté. Aunque casi mejor, porque me daba a mí en la nariz que llevábamos las de perder. Y fin de la historia. Menudas pesadillas más raras que tienes… Tengo más; algún día le contaré otras. No sé, no sé… quizás vivas muy pendiente –obsesionado quizás– con esa vara. Quizás, pero… si no para destruir, sí para disminuir el halo poderoso que la rodea… y ya puestos, que todos podamos elegir quien es el paisano en el que recaiga la responsabilidad de llevar esa vara. Democratización, que diría un amiguete, que por otra parte también parece lógico en estos tiempos que corren. Hay que adaptar todo al momento en que vivimos –claro está–, y también la Semana Santa, pero ha de ser un proceso paulatino, sin prisas… …no, si prisa –lo que se dice prisa– parece que no hay… …hay que ver otras realidades –salir de la Comarca, si quieres– para comprender mejor la nuestra, profundizar en las raíces de aquello que hacemos y por qué lo hacemos, y trabajar con objetivos claros, evitando hacer cosas simplemente por hacerlas. Seguro que así, con el tiempo, irá saliendo todo mejor. Ojalá sea así, padre, y empecemos a centrarnos. Comenzando por uno mismo, no se te olvide; que, además, has venido tú un tanto descentrado hoy… ¡Un día me va a dar algo! Recuerda siempre la importancia que tiene pensar, valorar las cosas, y actuar con las ideas claras. Y, lo más importante, rezando y pidiendo ayuda a Dios para que te guíe en cada paso que das. Espero tenerlo siempre presente. Pide al Señor y a la Virgen que, ahora que va a comenzar un nuevo año, nos ayuden a comprender cuales de nuestros pasos en la vida –y en la Semana Santa, también– son acertados y cuales no, y que nos de la capacidad de cambiar cuando sea necesario. En penitencia, reza un Padrenuestro y tres Avemarías. Vete en paz. Amén. |