| ¿Quieres pujar, hermano? |
Tú, que esperas impaciente la
tarde del dos de abril, que ansías descolgar la túnica
o el uniforme del armario y probártelo por si este año
hay que hacer algún arreglo. Tú, que sueñas al compás
de músicas procesionales con capirotes alzados sobre el
gentío, con nubes de incienso que perfumen tu alma. Tú,
que deseas hundir el hombro en la almohadilla, que
prefieres abandonar la cruz de la infancia en el desván
del recuerdo. Tú, que contemplas cada paso, cada papón,
cada Cristo, cada Virgen alzado en la tribuna del
bordillo, rendido ante una nueva e incipiente primavera.
Tú, que vives una y otra Semana Santa, contando los
días que separan el Domingo de Resurrección del
próximo Viernes de Dolores. Tú, que lloras en soledad
la ausencia de quienes te acompañaban cada año, de los
que ya no están. Tú, que te emocionas con sólo oír
dos palabras, con escuchar un sonido, con embriagarte con
el aroma de la eternidad. Tú, que oteas la vida indeciso
por callar cuando deberías hablar, por opinar con tu
silencio y tu renuncia. Tú, que cruzas los brazos a la
espalda esperando la llamada de otro bracero, esperando
poder aportar tu esfuerzo, tu dedicación, tu
sensibilidad... a la grandeza común de todos y cada uno,
a la Semana Santa... |
Tu Bracero Mayor