Semana Santa Leonesa, ¿desvirtual?

   Me adhiero a lo comentado en algunos artículos de esta nueva y estupenda web dedicaba a nuestra Semana Pasional, en relación a la escasa o nula calidad que aportan muchas de las últimas incorporaciones a la misma, tanto en el apartado de pasos como en el panorama de bandas y agrupaciones musicales.

   No dudo que gran parte de estos desaciertos están claramente originados por el entusiasmo, casi siempre bienintencionado, de los hermanos que quieren aportar su "granito de arena" al lucimiento de nuestros cortejos procesionales, pero no es menos cierto que tales iniciativas debieran ser tamizadas, encauzadas y, a menudo, refrenadas por aquellos que ostentan (muchas veces, y valga la redundancia, "ostentosamente") la representación de cofradías y hermandades, léase abades, seises, etcétera.

   Acudir al consejo de profesionales debe de ser, en esta faceta como en cualquier otra de la vida, algo fundamental para no caer en la chabacanería y el esperpento más propio de Carnaval que de Semana Santa. Tampoco creo que aporte nada la importación de modos, costumbres y estéticas de otras provincias: eso sólo conlleva la pérdida de nuestra propia esencia y la negación de lo que muchas generaciones de papones se encargaron de asentar, o sea, lo que en términos generales suele conocerse como "tradición". Aquí parece ser que lo que impera es la competición: es decir, a ver quien saca más pasos en menos tiempo, sean éstos de cartón piedra o "prestados" de cuaquier capilluca rural.

   La declaración de "interés turístico internacional" no ha hecho sino acelerar este proceso: mientras la hostelería en particular y el sector servicios en general han visto, sin duda, incrementados sus ingresos, el espíritu mismo de la Semana Santa leonesa se está "desvirtuando" (de ahí el título que encabeza estas líneas). Cierto es que no debiéramos confundir "tradición" con "parálisis", pero tampoco será bueno, creo yo, llamarle "actualización" o "renovación" a esta especie de "huída hacia adelante" de la que en los últimos tiempos estamos siendo atónitos espectadores y, por tanto, tácitos consentidores.

   Resumiendo, y bajando al terreno llano: a mí, lo de que las bandas de música no dejen de meter redobles filigraneros, trémolos y virguerías varias que no respetan lo más mínimo al metrónomo, me repatea, a más de ser nefasto para los braceros, que se ven incapaces de aunar su paso guiados por tan verbenera música y lo de que el público prorrumpa en aplausos cada dos por tres ante el bailoteo, un tanto reiterativo e injustificado, de los pasos, me parece más adecuado para una romería que para un desfile pasional que, en lo tocante a nuestra ciudad, se ha caracterizado siempre por la austeridad y la ausencia de extravagancias de esta índole. El procesionar pasos hechos con cuatro hierros y ocho tablones, en un apresurado intento de "sacar algo a la calle" sea como sea me parece, asimismo, una falta de respeto tanto para el público como para los propios papones.

   Se ha acusado a menudo a las llamadas "cofradías históricas" o "de negro", de acaparar el protagonismo y reivindicar para sí la representatividad de la Pasión leonesa, de ser un "coto cerrado" y hasta de exhibir cierto menosprecio por las agrupaciones pasionales cuya fundación está más reciente en el tiempo, pero no es menos verdad que, salvo honrosas excepciones, que siempre las hay, son estas antiguas cofradías las que con más empeño, tesón y fundamento, conservan la idiosincrasia procesional de León y se esmeran en hacer pervivir unas tradiciones o desenterrar otras ya perdidas que son parte esencial y preeminente de nuestras celebraciones pascuales. Lo que para algunos es excesivo celo, rigidez e inmovilismo, puede convertirse, a la postre, en una auténtica reserva de los valores y rasgos característicos más arraigados de la Semana Santa leonesa.

Carlos García Valverde

Lectura del Acta anterior