A Luis Pastrana, Papón
En la Semana Santa leonesa hay estampas que todo el mundo retiene en su memoria. Y en la últimas cuaresmas y Semanas Mayores, se te veía pertrechado con tu capa, conversando en una esquina o simplemente observando, en silencio, el paso de un cortejo o asistiendo a un acto pasional. Porque tú, Luis, fuiste "atajador"; porque se te veía observar en silencio los actos repetidos año, año, siglo tras siglo, en esta Semana Santa llena de tradiciones y de pequeños gestos aprendidos de padres a hijos. A veces, sacabas tu pequeña libreta que llevabas cerca de tu corazón y apuntabas vete tú a saber qué momento mágico de todos esos ritos. Porque al fin y al cabo, tu silencio, tus miradas, tu observación ingenua y tu gusto por desempolvar viejos tratados de lo imposible, nos han permitido conocer de forma escrita, muchas de esas tradiciones a las que amabas, a las que conocías hasta la saciedad y no por ello, dejaban de sorprenderte.
Cada año, con tus colaboraciones en foros y revistas semanasanteros, nos acercabas algún dato desconocido hasta entonces y que en no pocas ocasiones, daba un vuelco importante a lo que hasta ese momento se había pensado de tal o cual acto, de esa o aquélla agrupación. No descansabas nunca. En los últimos tiempos, bullía en tu cabeza lo que podría ser nuestro Museo de la Semana Santa y siempre decías que sería lo que las Cofradías quisieran que fuese. Pero muchos sabíamos que eso no era del todo cierto porque, en tu cabeza, estaba prácticamente estructurado el proyecto.
En una de las Juntas Generales a las que asistías, aun recuerdo una frase lapidaria en tu última intervención apoyando un proyecto de la Junta de Seises: Hermanos, debemos evolucionar no "involucionar". Y eso, dicho por un estudioso y amante de las tradiciones dice mucho en tu favor.
Como verás, no dedico ni una línea a otras de las muchas facetas en las que trabajaste por León y por sus gentes, porque esta “Horqueta” es una revista de papones y solo en este aspecto creo que debemos, en este foro, rendirte tributo. Porque es papón quien ama su Semana Santa y en tu corazón sobraban los gestos: por tu cariño a las COFRADÍAS (todas ellas, una a una), por tu gusto por el rancio sabor de lo antañón, por tu participación activa y como protagonista en pregones, rondas poéticas o literarias, publicaciones de toda índole, por tu asistencia silenciosa desde las aceras y tus gestos cómplices con quienes solo mostrábamos los ojos bajo el capillo, porque tú hace años, también llevaste tu "Coronación" a cuestas y sabías comprender lo que se siente; por tus muchas horas buceando en archivos y viejos pergaminos para después contarnos todo aquello que aprendiste y querías compartir con nosotros, por eso y por mucho más, gracias, Luis.
Tu parquedad en gestos y ademanes la llevaste hasta el final: Muy pocos o casi nadie, conocían tu lucha silenciosa contra el cáncer. Ese día 11 de octubre de 2003, también en silencio y de madrugada, nos dijiste adiós. Descansa en paz, hermano. Y hasta siempre...
Jorge Revenga Sánchez
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