Me han ofrecido este brazo libre y no lo rechazo. Meto el hombro y hago una tirada, hasta que el siguiente venga a relevarme. Este paso no es nuestro, es de todos, y todos somos suplentes y prescindibles.
Soy papón de cuna. Heredé una afición, pasión, tradición cuando me educaron y no soy más que uno de tantos mantenedores de algo que nos precede y que cuando hayamos pasado, nos superará y nos olvidará.
No soy por lo tanto una pieza principal de su engranaje, sino una de tantas ruedas dentadas que alimentan la maquinaría de este reloj que con suiza insistencia ha llenado la vida de nuestros abuelos y de los abuelos de estos.
¿Cuál es mi deber pues?…Entiendo que mi deber es heredar, mantener y legar. Para eso estoy aquí, esa es mi función. Creo que debemos entregar a los que vienen nuestro testigo en las mejores condiciones. Si se lo entregásemos tal y como está fracasaríamos.
La mayor lacra que tiene en este momento este paso es la falta de unidad entre los braceros. No llevamos todos el mismo paso, nos pueden los individualismos y los gremialismos. Todos opinamos, todos sabemos de esto más que los demás, todos somos braceros imprescindibles, e intentamos dejar huella no como paso sino como papones. Y así no funcionan las cosas, no pueden funcionar, es imposible.
El bracero imprescindible, el músico forofo, el abad inmortalizable todos están aportando su granito de arena para que nuestros nietos reciban algo que nada tiene que ver con lo que nosotros heredamos.
¿Qué nos queda por hacer? Pues es simple…Cuando el Seise nos ordene avanzar, debemos agacharnos, meter el hombro, levantar el paso y avanzar,…pero todos a la vez, como si fuésemos un solo papón, y que ni uno sólo se salga de su sitio.
Autor
Un papón, un crucífero, uno más…solamente uno más. |