La triste "madrugá" leonesa

      El Jueves Santo agoniza. El reloj marca ya las 12 de la noche y un grupo de entusiastas leoneses se encaminan a la Plaza de San Marcelo para, un año más, cumplir con la tradición e iniciar la Ronda con la que la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno avisa a sus hermanos de la inminente salida de la Procesión del Viernes Santo. Otras ciudades como Sevilla, Salamanca o Zamora, entre otras, tienen en la noche del Jueves al Viernes Santo su momento mágico, sus procesiones más emblemáticas. León parece que podría ser también una más en esta lista de representaciones pasionales que llenan la noche de plegarias y velas encendidas.

   Pero no, León tiene que ser siempre distinto hasta en esto. Lo de la Ronda tan sólo es un espejismo que apenas dura unos minutos. Enseguida la ciudad es tomada al asalto por un tropel de grupos variopintos y cuya única inquietud es la de beber cuanto más mejor. Podría ser que esta bacanal de alcohol y desenfreno que tiene lugar durante toda la noche fuera en honor del dios Baco, que aunque fuera de lugar y contexto podría llegar a ser comprensible, pero se hace para rememorar la muerte de un simple pellejero, amante de las tascas y los lupanares y del que aún no se conoce otra herencia suya en la ciudad que el desprestigio que esta celebración trae para León y su Semana Santa.

   El entierro de genarín ya está en la calle. Algunos dicen, supongo que por incultura manifiesta, que es una procesión pagana; otros tratan de justificarlo diciendo que se trata de una manifestación cultural, cuando es de sobra conocido que la mayor parte de los asistentes a este cortejo bufo no proceden precisamente de los círculos sociales más instruidos. La mayoría, en cambio, sabemos que no es ni más ni menos que un atentado a la cultura leonesa, fomentado por personajillos de poca entidad social y que aprovechan la situación creada para, despreciando intencionadamente las centenarias tradiciones de nuestra Semana Santa, tratar por todos los medios de sobresalir y conseguir que su nombre figure donde por meritos propios jamás aparecería.

   Los periodístas, como no, contribuirán a fomentar esta triste noche con tal de llenar una página interesante en el periódico del día siguiente. Nadie hablará del recogimiento de la noche anterior durante el Solemne Vía Crucis Procesional de las Siete Palabras, ni de la Ronda Lírico Pasional con la que la Cofradía del Desenclavo recorre las calles del casco antiguo, ni siquiera de que los leoneses se han vuelto a echar a la calle para seguir las diferentes Procesiones del día. Las televisiones apenas difundirán unas breves imágenes del Nazareno, de la Sagrada Cena, de la Piedad de Carmona o del Cristo de los Balderas procesionando por las calles de León. No, todo esto no vende. Lo interesante es relatar la “amena reunión” de un montón de ignorantes ebrios que van a dedicarse durante toda la noche del Jueves Santo a emborracharse, vomitar por las esquinas, ensuciar la ciudad y cometer toda clase de actos vandálicos durante la ‘madrugá’ leonesa.

   Mientras el dolorido rostro de la Esperanza de Triana cruza majestuosa la calle Sierpes, mientras el Miserere de la Hermandad de Jesús Yacente rasga la recia noche zamorana, mientras las Turbas engrandecen un poco más la noche en la ciudad de Cuenca, mientras la Vera Cruz atraviesa solemnemente las calles de Valladolid, aquí en León un tal genarín reina en la ciudad. No será la primera ni la última vez que la Ronda del Dulce tiene problemas con los adoradores del orujo. Que contrasentido, una hermosa tradición de cientos de años teniendo que luchar ante una horripilante manifestación de la sinrazón humana que apenas cuenta con unos pocos años de existencia y que atrae a numerosos forasteros ávidos de bronca y alcohol ante el rechazo que este carnaval fuera de fecha nos produce a la mayoría de los leoneses. Por si eso fuera poco, la gran cantidad de cristales rotos que estos indeseables dejan esparcidos por todos los rincones de la ciudad impedirán que muchos papones que en la mañana del Viernes Santo sacan a la calle los trece pasos de la Procesión más importante de la Semana Santa leonesa puedan realizar el trayecto descalzos, negándoles de esta forma la oportunidad de realizar uno de los actos penitenciales más duros y sacrificados que tantas veces hemos visto en nuestras Procesiones.

   Así es la ‘Madrugá’ leonesa. Triste y lúgubre. Una noche que podría servir para realizar actos que contribuyeran a engrandecer aún más a nuestra Semana Santa pero que, sin embargo, está condenada al ostracismo y a que cada vez sea menos tenida en cuenta entre las grandes Estaciones Penitenciales españolas, por mucha declaración de interés turístico internacional que se nos conceda. Si nadie lo remedia (y me temo que los del talante no estarán por la labor), la Semana Santa de León está herida de muerte para siempre.

Eduardo de Paz Gútiez

Lectura del Acta anterior