| Vivir de Cristo |
Vivir de Cristo, o como Cristo, frase hecha que por popular no deja de resultar malsonante e incluso irreverente, tiene su eco y parte de realidad en lo que a nuestra vida cotidiana se refiere. La implicación de hosteleros y comerciantes con la Semana Santa y sus Cofradías, no deja de ser una cuestión de cierta complejidad para según quien y de que modo observe la situación. Desde las Cofradías de Semana Santa, desde sus propios hermanos, incluso desde instituciones relacionadas, hace años que se expresa a bombo y platillo lo poco que colabora la hostelería y el comercio en general con la Semana Grande Leonesa. No deja de sorprenderme que la ciudad se engalana y adorna, con mejor o peor fortuna, de revistas, programas de procesiones, carteles de todo tipo… en definitiva, un sorprendente derroche de medios para anunciar a los leoneses, quiero pensar…, que la muerte de El Cristo se aproxima, lo que a muchos, dicho sea de paso, les trae al pairo. Si bien, no deja de ser curioso. Casi todos ellos, son ofrecidos a través de establecimientos comerciales que insertan anuncios en nuestras revistas para papones y pegan carteles en sus cristaleras año tras año, sufriendo, por qué no mencionarlo también, la desigual diligencia de los encargados del asunto en cada Cofradía. Hay quien dice que la implicación es poca, pero los recursos que se obtienen seguro que son optimizables. ¿Nadie se ha planteado para que sirve que cada Cofradía haga su propio programa de procesiones? Será que hay pocos recursos y con uno oficial bien hecho, no basta, digo yo… Sin duda, cuando discutimos y esputamos indistintas pestes sobre la poca colaboración de algunos sectores, nuestras miradas se dirigen sin piedad hacia los corrillos, de mediodía o nocturnos, donde muchos leoneses enfrían y calientan sus humos; los bares. Parece que resultasen culpables de tener clientes, que nuestra cultura social no fuese la razón de que sus cajas engorden antes, durante y después, de nuestra, para algunos, inquisitorial Semana Santa, dicho sea, solamente porque su beneficio es más notorio y visible. Señores, un bar o un comercio, es un negocio como el que vende astillas o carboncillos de incensario, su objetivo es claro, obtener beneficios. Del mismo modo ninguna Cofradía se limitaría a realizar solamente obra social sin procesionar, tomándolo como accesorio por muy importante que pueda ser. ¿Dónde quedan situados aquellos otros, probablemente, tanto o más tocados por el asunto procesional? Crecen alimentados por la teta del cofrade, sectores simbiontes con Cofradías y procesiones, los hermanitos de túnica y “gato” por liebre, con los trajes de gala para bandas, instrumentos musicales variados, escultores de escrúpulo, artesanos, floristas abusones o no, agencias de viaje, hoteles sonrientes, imprentas que nunca ganan dinero, carritos de todo menos pipas y un largo etc… de precios especiales que a nadie, entre sorbo y sorbo de vaya usted a saber qué fluido, se le pueden escapar. O… ¿acaso algunos de aquellos que viven en gran medida de la Semana Santa no deberían tener también implicación y colaboración con la misma? pues no siempre es el caso… La relación que mantienen las Cofradías leonesas con la hostelería no es nada nuevo. Las unas se quejan de la poca implicación de los otros y los otros de lo mucho que se quejan los unos. Lo de siempre, vamos, todo en agua de borrajas. Claro que podemos pensar que esto de la Semana Santa es como la política. Todos discuten y nadie soluciona nada. Total… al final al bar del pueblo, que allí se aclaran las ideas. No hace falta ser un hacha para observar que la Semana Grande no sólo hace rebosar las arcas de los bares que cada año nos atemorizan con peor y más asquerosa limonada. Perdónenme el término pero es que hasta hay a quien servirla caliente le parece lo más normal… y debe ser para saborear la calidad de sus ingredientes, no se crean. Vamos, que no hace falta vender limonadas para ganar tela. Y es que tela es la que se usa para hacer las túnicas y sus aditamentos por ejemplo. Siempre ha habido alguien que las ha hecho y que, quitando antiguas hermanas que las hacían a precio de costo o regaladas para que los papones pudieran procesionar, han cobrado por ello… y oiga, faltaría más. Desde chicos hemos visto a los carritos con barquillos y obleas delante de las procesiones, nunca se iban regalando, sólo faltaba. Quienes adornan los pasos en muchas cofradías… no lo hacen gratis, porqué habrían de hacerlo. Los escultores cobran por realizar sus obras de arte, como siempre. Que debe ser cierto…, la Hostelería y el Comercio, no colaboran, al menos, es eso lo que dice todo el mundo. Según algunos “filósofos” de notoria actualidad, esto mismo debiera darnos la absoluta certeza de gozar de la verdad universal… y, ale, asunto solventado. Palmadita en la espalda y andando. Y no quiero ser yo quien defienda a los hosteleros leoneses, líbreme Dios. Pero parece obvio que de todo esto que llamamos Semana Santa mucha gente hace negocio. No hace falta valorar cómo se da. Estaba ahí, está y estará. No hay por qué señalar a un sector, que de entre otros, se aprovecha de la situación creada. Perdonadme si os digo, que a mí, todo esto me suena un poco a chiste de barra, a que Hacienda somos todos o a la falacia de que nuestros impuestos son siempre bien utilizados. Aclaremos antes que nada a quienes nos estamos refiriendo y qué colaboración les requerimos, quien la puede administrar y en que la empleará, pero lo primero: las Cofradías, estando de acuerdo, deben tener intacta su autonomía económica o podemos variar los itinerarios en función del que más aporte, si es que es eso lo que se pretende o se quiere conseguir, claro… El que quiera colaborar que lo haga, con o sin interés, libremente, y la Semana Santa que siga siendo nuestra, sólo nuestra, del que sepa y quiera apreciarla en todos sus ámbitos, religioso, económico y tradicional. Nosotros mismos. |
Belcha