Cualquiera tiempo pasado fue mejor

  Desde que Jorge Manrique escribiera las Coplas por la muerte de su padre se viene usando esta frase, que da título al artículo, para trasladarse a un pasado un tanto idealizado que creemos que ha sido mejor. En el contexto en el que ahora la vamos a usar tiene mucho sentido y es la pura realidad: como a nuestro parecer/ cualquiera tiempo pasado/ fue mejor.

  Todos sabemos que las cofradías y hermandades que procesionan en la muy antigua y muy noble ciudad de León son de carácter penitencial, alguna también con apellido sacramental. En consecuencia casi todas las procesiones que contemplamos son penitenciales, sacramentales y alguna de gloria, léase la de Jesús Divino Obrero, la Alegría y la Virgen del Rosario. Aún existiendo alguna cofradía tanto de gloria como de ánimas sólo procesiona con los calores de julio la cofradía de la Virgen del Carmen de San Lorenzo.

  Nuestra ciudad tradicionalmente asistía fuera de los días revestidos de morado a alguna procesión entrañable y de gran arraigo en la devoción popular a lo largo y ancho de la vieja Península Ibérica. Estas procesiones eran hijas de la piedad popular (esa de la que tanto se habla en el Palacio Episcopal pero que a nuestro entender no se hace nada por recuperarla). Sería interesante que alguna cofradía penitencial retomase estas costumbres. Esto casi es una utopía, pero se comprende mejor teniendo en cuenta que hay cofradías que tienen su sede canónica en alguna iglesia de la que salían manifestaciones religiosas de este tipo. No pretendemos con este artículo hacer un estudio sobre la historia de estas procesiones ni de las causas que las llevaron a desaparecer, puesto que no disponemos de espacio. Mediante unas largas pinceladas vamos a exponer unas ideas que como todo puede ser rebatible.

  Las procesiones de las que hablamos permanecen en las cajoneras de las sacristías a la espera de que algún "sacristán" con ilusión saque de nuevo esas procesiones con pendonetas, guiones, insignias… y con las advocaciones que correspondan. Las imágenes, en la soledad de las hornacinas que las cobijan, son el único testigo de aquellas manifestaciones de fe que eran todo un acontecimiento en la Ciudad. Entre casullas, albas, dalmáticas, roquetes y estolas nos encontramos con procesiones señeras como la Divina Pastora, la del Sagrado Corazón y la Exaltación de la Cruz. Otras, como la de San Isidro o la del Corpus Christi, han perdido toda la pompa y solemnidad de la que un día gozaron y están abocadas a comenzar el Sueño Eterno en sacristías, archivos... En cuanto al Corpus Christi -sin entrar en cuestiones de organización- se ha perdido la costumbre de levantar altares a lo largo del recorrido, de engalanar balcones y ventanas.  todo esto para honrar a Su Divina Majestad. Apenas podemos contemplar uno o dos altares, si hablamos del itinerario de los años pares, porque en el de los impares actualmente ya no se levanta ningún altar y el número de pasos también se ha reducido. Nos preguntamos qué se entiende en Palacio por piedad popular.

  Volviendo al tema que nos ocupa, en junio y mayo florecían las devociones de los leoneses. La Divina Pastora de la iglesiona de San Francisco hacía su salida en el floreado mes de mayo, rodeada de la tropa que Comulgaba ese año. Dicha talla sigue recibiendo culto en la iglesia conventual. A parte de los Corpus Christi y Chico también había tiempo para rendir homenaje al Sagrado Corazón de Jesús. La devoción al Sagrado Corazón estaba muy arraigada en todos los hogares y un día al año León acogía a tan venerada imagen. La procesión estaba amparada por la Basílica de San Isidoro y la imagen que se sacaba esta expuesta al culto en el ábside de la Epístola. Como curiosidad el Sagrado Corazón era procesionado en la carroza, con la que Minerva sacaba al Santísimo en otra procesión con solera; la del Corpus Chico. Ésta última tampoco es lo que era a juzgar por los documentos gráficos que se conservan. Todo el barrio de San Martín era altar, custodia y una auténtica alfombra para el Santísimo pues se hacían varios altares, se engalanaban las casas y se sembraban las calles y plazuelas de plantas aromáticas. Eso sí, la procesión tiene los méritos propios para titularse como Corpus Grande. Pero Minerva no tiene todos los deberes hechos, aún le falta una procesión que nunca se debió de perder: la Exaltación de la Santa Cruz. Cada 14 de septiembre el Lignum Crucis bendecía las calles del entorno de San Martín. Adentrados en San Martín, aprovechamos para señalar que hace unos años, a iniciativa de la Parroquia, se comenzó a procesionar al Obispo de Tours cada 11 de noviembre, incluso con las notas de la Banda Municipal, pero pronto cayó en el olvido.

  Para finalizar, afirmar que estas procesiones viven en un pasado cercano- se quedará alguna en el tintero- ya que puestos a retrotraernos en el tiempo nos toparíamos con otras procesiones.

  Concluyendo podíamos decir- en nuestra opinión- que la recuperación de la Divina Pastora, Sagrado Corazón y Exaltación de la Cruz, puede estar en las manos de tres cofradías, a saber: Expiración y Silencio, Jesús Sacramentado y Minerva respectivamente, actuando como entidades colaboradoras o incluso como organizadoras de esos cortejos. Sabemos que es una ardua empresa y que desde la Mitra Episcopal se mira de reojo a las procesiones pero sería interesante que las cofradías se reunieran en juntas de seises y generales para debatir sobre el tema y luchar por sacar del olvido estas procesiones, que también son nuestras.

   Eduardo Álvarez Aller

Lectura del Acta anterior