| Precuaresma |
Y marcharemos a la Gloria, por un camino de cera
Igual que el año pasado, y el anterior, y el anterior, se va acercando la cuaresma. Los cuerpos se van preparando para lo que de aquí a unos días empezarán a vivir. Algo más de dos meses para la Semana Grande y muchos ya estamos en vísperas. Cada uno la vive a su manera. Algunos van descontando días del calendario, de ese amarillo con letras negras que tiene unas ruedecitas y pone los días que quedan para el Viernes de Dolores. Otros gastan aun más horas ensayando, pasando frío, para coger el labio necesario para lo que se está acercando, para dar los últimos retoques a esa marcha que se estrena este año o a esa otra que se tocará, por fin, rearmonizada. Los más, desempolvamos el sahumerio y los cds de cornetas y tambores y montamos en casa un simulacro de procesión. Casi todos los que lean esto, habrán entrado antes en La Horqueta para ver las noticias, habrán escrito cositas en el Ruegos y Preguntas y se dispondrán a pasar un ratito de chateo cofrade para ir haciendo boca. Y es en esta época del año, ésta que tanto gusta a la que escribe, cuando empezamos de nuevo a ocuparnos de lo Nuestro, y a preocuparnos por lo Nuestro. Es ahora cuando nos acordamos del estado de nuestro patrimonio. Ahora es para nosotros, más que nunca, importantísimo, saber que nuestras tallas están estupendas, nuestros tronos a punto, nuestros templos en perfecto estado de revista. Está bien, aunque sólo sea durante unos meses al año, que nos interesemos por esto que heredamos de nuestros mayores, los cuales a su vez también recibieron, con la orden, no impuesta, de velar por su mantenimiento. Aunque el resto del año pase esa obligación desapercibida, y hagamos fotos en San Isidoro, y nos apoyemos en sus muros centenarios para que no se nos mueva la cámara, y nos importe bien poco que los tronos los tengamos almacenados de cualquier forma y nuestras imágenes, esas que tanto nos gustan y de las que tanto presumimos, estén amontonadas en una cochera cualquiera, da igual, ahora somos los DEFENSORES del PATRIMONIO. Y no me refiero con PATRIMONIO solo a lo tangible, a lo que vemos y tocamos y percibimos con los sentidos, me refiero también a lo intangible, a la tradición oral, a las costumbres, a las tertulias, las conversaciones sobre cofradías... Durante el año, permitimos todo tipo de agresiones verbales y peleas dialécticas, nos da igual a quien se insulte, el medio que se use, lo crudo de la burla, la forma de criticar... pero llegando estos días en que el sin vivir de la espera se apodera de nosotros, nos molesta hasta el tic tac del reloj. Nos parece ofensivo que se hable tras un seudónimo, da la sensación de que nos hiere en el alma aquel con el que no estamos de acuerdo, pensamos que es blasfemia todo aquello que se dice de miembros de juntas o cofrades de a pie, y que el anónimo que firma es un delincuente. Y esperamos, agazapados, a que aquel que nos molestó el año pasado, criticando determinado aspecto de nuestra actitud, mueva ficha, para lanzarnos con el colmillo afilado contra él. Y es que esta espera anual nos pone tensos, queremos que todo sea perfecto, que nadie nos tosa, que pase pronto y que llegue el Día. Disfrutémosla. Sin prisas. Recreémonos en los pequeños detalles que nos dejan estos días de vísperas. Deleitémonos con la música, el incienso, las tertulias, y hablemos de cofradías, como queramos, da igual donde o con quien .De tú a tú o por escrito, firmando, usando seudónimo, anónimamente, no importa. Cualquier forma es buena. Que nadie nos estropee este tiempo, que la vida es una semana. |
Parihuela de Madera