| Pasión y música |
Parece mentira, y es que el tiempo no pasa en balde. Casi cincuenta años de música cofrade en esta ciudad que pasan desapercibidos para muchos que prefieren criticar a las bandas antes de plantearse esas vidas, y esos años en los que no todo camino estaba adornado de pétalos de rosas como ahora, pequeños indicios aparecen. Muchos nombres propios, Luis Cañón, “Michi”, Esquivel,”Curro”, Carlos Blanco, Luis Vergara ... fueron los primeros de esa nueva era que comenzó allá por el 91 y que hasta el 94 no fue notable. Pero esto no empezó en el 91, aun recuerdo a “Tomás” como nos contaba aquellos inicios de una banda del Nazareno más militar que cofrade, de sus ensayos en una carbonería, de recuerdos y amistades que están entre nosotros o que desgraciadamente nos dejaron como es el caso de Miguel Ángel, Urdiales padre y otros tantos que entregaron su vida a esos dos instrumentos que, pasando desapercibidos a los ojos de los profesionales, formaron parte de sus cuerpos como si una extensión de las manos se tratase. Pero a lo que yo voy no es a recordar, si no a demostrar que sólo son unos pocos los que quieren romper esos lazos que un día nos unieron a todos y nos hacían hermanos, la gente fuera de Angustias o del Nazareno salían juntos a tomar esos tan tradicionales vinos los domingos después de misa y charlaban sobre el devenir de la Semana Santa , sobre las marchas, sobre el “secreto de la Dolorosa ”, se reían y disfrutaban juntos de aquellos momentos a la sombra de la limonada. Ya nadie se acuerda de quien fue el que introdujo las partituras en León, ni de aquellos cambios de galas cada Viernes Santo por la tarde, ni de aquella banda de Santa Marta tocando “Dulce Nombre de María” frente a la Diputación mientras la Cena se reflejaba en esos muros centenarios, ni de aquella banda de la Redención que retaba al Nazareno tocando “Misericordia isleña” o “el Greñuo” mientras los otros se pavoneaban con “El Manué” o “ La Paloma ”,ni de aquellas cornetas “kilométricas” que llevaban tres hermanos de Minerva, ni de aquella primera Agrupación de Angustias siendo aplaudida a su paso por Concepcionistas al son de “ la Saeta ”, ni de aquéllas gaitas de Jesús Divino Obrero tocando “Pescador de hombres”, ni de aquellas cien personas que hacían temblar León al son de cornetas y tambores cada tarde del Viernes de Dolores con la “Morenica” de testigo, ni de aquellos hermanos de prestado que cada tarde del Lunes Santo dejaban atrás los colores de su cofradía para unirse, todos juntos, y llevar en volandas aquella Unción de Betania mientras cada banda les rendía honores a su paso. Ya nada es como antes, y eso se ve, se siente. Unos han decidido seguir esa senda de los uniformes, otros tradicionalistas preferimos continuar con esa túnica heredada del padre o del abuelo. ¿Y qué? Tan respetable es una cosa como la otra, ya que en esta tierra del popular dicho del “tu me das y yo te doy” hay cabida para todos, ni los que visten de uniforme son tan malos, ni los que visten de túnica tan buenos, lo único que aquí falla es la unión que hace años se consiguió y se perdió por culpa de cuatro que no veían mas allá de su capillo, y que años después y ahora que ya estaba todo algo más asentado vuelven con esos vestigios intolerantes llamándoles musiquitos o metiéndose con su indumentaria. Esas actitudes infantiles están rompiendo lazos y de seguir así, acabaremos muy mal. Solo me falta decir una cosa y es: más unidad y menos intolerancia, que estamos todos para lo mismo; mejor o peor, pero a fin de cuentas PARA LO MISMO. |
José Luis Pastrana Saldaña, Josines