| Esos besos de Judas, ese Calvario… |
De siempre los niños, que son dueños de la inocencia, han vivido los acontecimientos cotidianos con más vitalidad que los mayores, con mas ilusión y con mas autenticidad. Festividades como Navidad o Semana Santa hacen que los niños cobren un protagonismo que en muchas ocasiones se les quiere robar. Son los niños los que inundan y alegran las aceras de nuestras calles para ver pasar la cabalgata o la procesión, aunque a veces los mayores quieran robarles su papel. Recuerdo de niño como me gustaba ver las procesiones, ver los braceros llevando esos pasos sobre sus hombros, el colorido, los papones, en fin, todo el cortejo procesional; pero sobre todo me llamaba la atención, como supongo que a la mayoría de los niños, los tambores y las cornetas. Me fascinaba la banda. Me excitaba oír de lejos los tambores y las cornetas cuando aún no había llegado a alcanzar a ver la procesión. Oírles a medida que me iba acercando suponía que mi corazón se aceleraba y marcaba el paso al mismo ritmo que ellos. Sin duda ninguna, las bandas son más que parte importante en nuestra Semana Santa. Las bandas son una señal inequívoca de que la Semana Santa esta viva. Aunque la evolución que ha sufrido en nuestra ciudad la música procesional no es equiparable al resto de nuestra Semana Santa. Mientras una se quedó atascada, en medio de tanto salvador innece, la música y las bandas evolucionaron a un ritmo frenético. La gente de las bandas tenía ganas de crecer, de saber, de perfeccionarse. Empezaron a buscar y a aprender con un interés desmedido. El devenir de los tiempos y la ruptura de distancias nos acercaba a una cultura musical desconocida hasta entonces para nosotros. Los métodos tradicionales dejaron paso a las partituras originales, se multiplicaron los acordes, se buscaron nuevos instrumentos, nuevas formas de conjuntar mas los sonidos, hasta la informática también aportó su granito de arena. La banda dejó de ser el hijo escondido y pasó a tomar protagonismo. Tan rápida fue la evolución que yo creo que los mismos “dueños” de las cofradías cogieron miedo. Se encontraron con algo desconocido para ellos, quizás porque nunca les importó su banda. Se conformaban con que el día de la procesión los chavales se pusieran detrás del paso y sacaran ruido a sus instrumentos. Empezaron a nacer nuevas composiciones y surgieron nuevos compositores, ahora sí, leoneses. Y nacieron las primeras bandas independientes. Querían tener vida propia, querían crecer ellas mismas, para bien o para mal ellas decidirían, pero ya no estarían bajo las órdenes de gente que no les importaba nada la banda. Querían poder elegir equivocarse ellas solas. Así es como nacen las bandas independientes. Que no son nuevas, al contrario, este tipo de formaciones ya existían desde hace mucho tiempo en nuestra sociedad española, sólo que nos eran desconocidas, y el desconocimiento en la mayor de las ocasiones conduce inequívocamente a la ignorancia. En una Semana Santa como la nuestra, que ha puesto una venda en sus ojos y no quiere ver más allá, esta revolución musical les sonaba mal. Deberíamos de abrir más los ojos. No se trata de copiar ni de perder nuestras tradiciones, sino de aprender de los errores y más todavía de las cosas buenas por las que han pasado otras gentes antes que nosotros, para así tratar de hacerlo mejor. Unos se están dando cuenta ahora de todo lo que esta pasando, otros nunca darán su brazo a torcer a pesar de reconocer en la intimidad la gran labor y calidad de estas formaciones musicales. Todas las bandas tienen cabida en esta Semana Santa y todas son respetables. ¿De verdad alguien cree que nos vestimos así para presumir más, para ser más que nadie? ¿Que ya no tenemos sentimientos ni llevamos nuestras devociones en nuestros corazones? Pues están muy equivocados. Y eso a pesar de que esta Semana Santa nuestra, la de nuestra ciudad, nos ha menospreciado. Hablo, claro, en términos generales, ya que por todos es sabido que hermandades leonesas han comprendido esta innovación y cuales no. Nosotros, sin embargo, llevamos bordado en nuestros banderines el nombre de León con letras de oro. Pero para poder llegar a todo esto, lo primero que se necesita es espíritu de sacrificio y vivirlo. Vivirlo con pasión, con amor, durante todo el año, como lo viven las bandas. Todo un año trabajando, montando marchas, haga frío o calor, con un esfuerzo y un sacrificio poco conocido, nada comprendido y fácilmente criticado. Y además de vivirlo, se necesita elegir. Tener el derecho de elegir por uno mismo lo que quiere hacer, y poderlo hacer en libertad. Esas mismas bandas que tanta alegría y satisfacción nos dieron, por intereses egoístas y por dejadez se pueden ir marchitando. Y más aún las bandas independientes, que al no estar respaldadas por una Cofradía, soportan un peso mayor tanto económico como social. Este año desaparecía una banda histórica: la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Después de cuarenta años largos dejaba de existir. Probablemente no hay que buscar culpables, como decía un amigo mío, entre todos la mataron y ella sola se murió, pero yo estoy convencido que si la junta de gobierno de esa Cofradía hubiera creído en ella, no habría pasado esto. Desaparecen unas y nacen otras. Una nueva agrupación musical dentro de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Contradictorio, ¿verdad? Aunque bien es cierto que lleva el refuerzo de muchos componentes que se han marchado de la Agrupación Musical de Angustias. Lo siento por alguno que en su día escribió un artículo –tergiversando la verdad- en la revista de la cofradía de Angustias del año 2001, cuando nos fuimos, lamentando que “ ya no tendríamos el privilegio y el orgullo de ser su banda”. Siento que ahora seas tú el que no tiene ni el orgullo ni el privilegio de ser su banda. A veces es más sabio permanecer en silencio. El tiempo pone a cada uno en su sitio y a los hechos me remito. Por lo demás, les deseo buena suerte, porque siempre he defendido que cada uno tiene que tocar donde quiera, donde este más a gusto y como quiera, y estoy seguro que una nueva banda, bien formada, engrandecerá más nuestra Semana Santa. Ahora sólo falta cuidarlas, porque corremos el riesgo de perderlas. Y si algún día perdiéramos las bandas, yo no quiero imaginarme una Semana Santa sin música. |
Francisco Javier Núñez González