Capillitas pesados

   Hay que reconocer que a los capillitas leoneses no hay quien nos aguante. No sólo porque a base de cornetazos le bajamos la libido creadora a nuestro admirado Pedro García Trapiello. No sólo porque damos la matraca a todo el vecindario con el disco de "Pasan los Campanilleros" en pleno mes de diciembre cuando aquí no hay campanillero que valga. No sólo porque nos empeñamos en turbar la paz beatífica de los jerarcas de la Semana Santa con propuestas descabelladas ("¿Coronar canónicamente a la Morenica?" "¿Hacer cotitular de la cofradía a San Marcelo para que deje ser un ilustre desconocido en la Ciudad de su patronazgo?" "¿Pero tú estás loco?"). No sólo porque escandalizamos con la cinta de Pascual González a cualquier señorita normal que comete la imprudencia de subir a nuestro coche ("Yo no salgo más con tarados."). Ahora, para más Inri, cuando apenás se adivina la Cuaresma en los chopos de la Candamia, se nos ocurre empezar a dar golpes de horqueta en el suelo empedrado de Internet, para ver si entre todos atinamos a marcar un ritmo coherente a este paso gigantesco de la Semana Santa de León que anda con el paso algo cambiado y que no deja de dar coletazos.

   No voy a decir aquello tan manido de "que sea enhorabuena, hermanos", porque no se ha oído por estos pagos frasecita más nefasta desde que el mariscal Soult dijo algo parecido antes de meter cerilla al conventón de Santo Domingo. Pero sí que la idea puede ser útil para que los capillitas leoneses podamos lamernos las inquietudes que vamos dejando tiradas por las barras de los bares, ya sean hirientes diatribas por un quítame allá esa esquila o repelucos de emoción ante la proximidad del gozo sin límites de un Viernes de Dolores.

   Si semejante proyecto sobrevive en esta tierra de paisanos de Pilatos, será un milagro digno de anotarse en los escasos haberes de nuestros Cristos y Vírgenes, que en esto siempre han sido un poco rácanos. Y no digamos ya si encima ayuda a que Lamparilla, al contemplar las próximas Semanas Santas desde las barandas del cielo, no tenga que volver a repetirnos aquello de

León, León, Ciudad añeja,
¿por qué te vistes, ay, con piel de oveja?


Lectura del Acta anterior