Hoy me acerco hasta Ti como un chiquillo
impaciente de flores y cornetas
en tu Plaza de cantos y visillos
donde mi amor quisiera ser saeta.
Hoy llamas a León a la batalla
de encontrarse con Dios por las esquinas
oyendo su mirada que no calla
y hablándole sin voz cuando camina.
Hoy te veo avanzar sobre tu gente
y profano tu llanto con el goce
de saberme entregado únicamente
a dejar que tu pena me destroce.
Hoy un coro de voces celestiales
tanto sosiego en el convento instala
que dudas si cruzar esos umbrales
o quedarte y hacerte carbajala.
Hoy eres viento, luz, camino, herida,
herejía en madera que acapara
los afanes de un pueblo sin salida,
que en tu Hijo, siendo Dios, nadie repara.
Hoy, por fin, la rutina se destrona.
Hoy el vencejo borda cuando vuela.
Hoy todos los pecados se perdonan.
Hoy la tarde es un bronce que repica
y un rostro de mujer tras una vela
y un dolor como el tuyo, Morenica.
|