A León vino a morir
y lleva siglos muriendo,
y en tan sólo una semana
ya nos estará naciendo
de su Madre Morenica
que está llorando por dentro,
pues sabe que antes de Pascua
está el Viernes Santo en medio.
Despertando la Esperanza
se despereza el Cordero
cuando suena un llamador
y se adelanta el izquierdo,
que manda San Isidoro
irse por igual al cielo
abriendo paso a Piedad,
maga de milagros viejos,
y a una Esperanza nueva
que, cual año jacobeo,
pondrá el Sábado a León
en gozoso jubileo.
La alegría de los Ramos
durará lo que un paseo
de Dios en su borriquita
de la Pulchra a San Marcelo,
pues el Gran Poder presiente
que este triunfo es pasajero
y que el Dainos tiene prisa
de echarse al hombro el madero
para caerse en su tierra,
que es tierra de Cirineos
que le piden buena muerte
a Quien va a morir por ellos.
La Redención se agiganta
sobre tinieblas y miedos
y entre chasquidos de horqueta
el dogma se hace raseo.
Cristo hincado de rodillas
sienta cátedra y Derecho
librando al arrepentido
y dejando a León preso
de ese amor suyo que puede
más que un Tribunal Supremo.
Viene la Paz predicando
con su nombre un Evangelio
y la Virgen de las Lágrimas
tiene ya los ojos secos
de tanto llorar al Hijo
que viene hablando en Silencio,
todo paciencia y hombría,
cambiando emoción por credos,
como cambia un Via Crucis
la Amargura en terciopelo,
pues esta noche se sabe
que al Señor de San Marcelo
no le dolerán los clavos
porque irá mirando al cielo.
De azul Bienaventuranza
San Claudio alivia su duelo,
que el sermón de la montaña
aquí es sermón callejero
si el Jueves Santo reluce
en la carne del Moreno.
León dispone la Cena
de los doce y el Maestro
con tanto arte y grandeza,
con tanta verdad y esmero,
que nunca vio mejor mesa
el Hijo de un Carpintero.
La noche borda su palio
con estrellas y requiebros
porque pasa un Dulce Nombre
que es letanía de versos
y rosario de sollozos
y el más puro mandamiento
y homilía de hermosura
y avemaría y sosiego
y Madre de veinte años
y gloria en que me recreo
cuando pasa el Jueves Santo
por las calles de mis sueños.
La Ronda manda al papón
que no se duerma en el Huerto,
que está esperando León
su catequesis de esfuerzo
para dejar su mirada
prendida en el Prendimiento
y flagelar sus espaldas
con latigazos de incienso
y coronarse las sienes
con dolor de mil braceros
y demostrarle a Pilatos
que no aprueba su decreto
y santiguarse despacio
cuando pase el Nazareno
y en el paño de Verónica
vivir su niñez de nuevo
y recordarle al Expolio
que antes que Dios fue Torero
y exaltar la cruz que elevan
tres sayones trianeros
y ser los ojos de un Cristo
que nunca ha mirado al suelo
y argumentar su Agonía
con moderno fundamento
y acompañar a San Juan
por el íntimo sendero
que siempre lleva a María
y a la gloria y al Encuentro.
Siete Palabras bien dichas
brotan de un labio reseco
y hebras de sol las trasladan
de la brisa al terciopelo.
Entre dos ladrones muere
desamparado y sediento
mi Cristo de los Balderas
con madrigales de viento
y fervor por habaneras.
Le llevarán a su Entierro
bien Angustias bien Minerva,
que en las dos hay Nicodemos
y las dos en su alma tienen
un palio de sufrimiento.
Tres Marías andan solas
por Jesús Divino Obrero
y en la Puerta del Perdón,
tal cual en la piedra impreso,
desde el tímpano a la Plaza
se está descendiendo al Verbo.
De la hondura del Sepulcro
nace siempre un Hombre Nuevo
entre palomas y hosannas
y el pasmo de los incrédulos.
Sentado en el Pantocrátor
que hizo Fernando Primero
nos sonreirá como un niño
hasta el año venidero
en que León volverá
a escribirle otro Evangelio.
En tan sólo una semana
ya nos estará naciendo,
tenéis que verlo, por Dios,
tenéis que venir a verlo,
pues León será retablo,
será oración y silencio,
pero también será luz
y rumoroso ajetreo
y estallido de cornetas
y redoble pinturero
y esplendor de Roma antigua
y Jerusalén perfecto
y también será candela
y pleamar de consuelo
y púrpura isabelina
y del diamante, destello
y del corazón, puñal
y de la gracia, embeleso
y de la pureza, salve
y de la dulzura, espejo
y de la ternura, rostro
y de la espera, aleteo
y de su Reina, corona
y de su Virgen, sahumerio
y de su Madre, la vida
cuando salga a Calle Herreros.
He dicho |