“Según las profecías de Malaquías, todavía quedarían dos papas. Uno sería “de gloria olivae”, la gloria del olivo, lo que se ha interpretado de muchas maneras. Hay quien dice que puede ser un papa de origen judío, que haya sido un judío converso; que puede ser un papa que se una a los judíos, que pueda ser un papa experto en la Biblia, y por eso se hablaba tanto del cardenal Martini, el jesuita cardenal arzobispo de Milán, que es uno de los grandes biblistas y un hombre que ama tanto Tierra Santa que ha dicho que querría ser enterrado en Jerusalén, o que puede ser un papa que venga de una tierra rica en olivos, con lo cual, teniendo en cuenta que hay muchísimos lugares donde la riqueza del aceite del olivo es abundante, como yo digo en broma, puede ser papa hasta el obispo de Jaén si anteriormente le hacen cardenal.”
Puede que no el obispo de Jaén, pero sí el arzobispo de Sevilla, que no sólo proviene de una zona olivarera, sino que además es franciscano, y en el escapulario de esta orden se representan ramas de olivo, con una mitra papal sobre una de ellas.
Por último -por ahora, porque es probable que puedan descubrirse nuevas coincidencias-, se da la curiosa circunstancia de que con las letras de su nombre de pila y dos apellidos puede escribirse “gloria olivae”, sin repetir una sola letra y con sólo utilizar la “j” como “i”, lo cual es común en muchos idiomas.
Si a ello unimos la excepcional talla intelectual y humana del arzobispo envidiado por todos los cofrades de España, y el hecho de que sea un experto en el Islam (no en vano fue Obispo de Tánger) -motivos puramente racionales que avalarían su candidatura-, así como su edad (70 años) -que no auguraría un papado demasiado largo, como parece preferir la Curia vaticana- y el que no sea mencionado entre los favoritos para la sucesión, todo ello me hace sugerir que quizá tengamos en la sede de San Isidoro, Madre y Maestra del orbe cofradiero, al que habría de ser, según San Malaquías, el penúltimo sucesor de Pedro. Tiene en su contra, habida cuenta de la línea marcada por Juan Pablo II, su talante aperturista y casi heterodoxo en cuestiones morales de candente actualidad, cuyo tratamiento valiente y profundo –a diferencia de otros colegas suyos- nunca rehúye. Pero recordemos que ya San Pablo, en su primera Carta a los Tesalonicenses advirtió: «hermanos, no despreciéis las profecías».
Hace año y medio que publiqué estas curiosas coincidencias en “La Pasión Digital”. El propio ABC de Sevilla, haciéndose eco de las mismas, le preguntó al entonces recién nombrado Cardenal su parecer al respecto. Contestó que “en Sevilla me quieren mucho” (y en León, fray Carlos). Ahora acaba de manifestar que siente un extraño escalofrío ante la responsabilidad del próximo cónclave. Sólo espero, por el bien de la Iglesia universal, haber recibido en San Vicente, lugar de la muerte de San Isidoro, bajo la mirada amorosa del Santísimo Cristo de las Siete Palabras, la bendición de un Papa el pasado Miércoles Santo.
|