Sevillana del Adiós

   Queridos Díez Llamas:

   Hoy he compartido junto a vosotros una jornada muy triste y especial: Decíamos hasta luego a vuestro marido y padre.

   Que decir de él, ahora que se ha ido. Que decir que no se haya dicho. Gran periodista, buen profesor, un, como diría Rousseau "zoom politicom". Se dijo mucho y bien en la homilía de su funeral, pero por encima de todo destacaron a Díez como persona y como cofrade. Cofrade en el amplio sentido de la palabra, como ese hombre espiritual que vivía la Pasión con pasión. Tanto que durante estas últimas semanas la hizo suya. Hermano de diversas cofradías zamoranas, impulsor de otras, fundador de Luz y Vida... Esa Luz que estará disfrutando junto al más Alto, esa Vida eterna que se ha ganado, a pesar de la prisa con que nos ha sido robado.
   Sin duda, de este gran cofrade, podríamos decir más cosas, aunque nunca tan acertadas y emotivas como la carta que consiguió leerte tu hijo. Yo me quedo con el recuerdo del día que me lo presentaste, Vicen: tu mirada limpia, tu sonrisa franca y tu apretón de manos sincero. Descansa en paz, Vicente Díez García.

   Mari Carmen, seguro que en mis palabras no encontrarás el consuelo, y tal vez ahora la entereza que has demostrado de paso a esa Angustia de la que Díez era cargador. Esa Soledad inconsolable, pero tú mejor que nadie sabes que a Vicente no le agradaría.

   Alfonso, la vida te ha dado un golpe muy duro, cuando aún sigues siendo un niño camino de ser hombre, con un largo recorrido por emprender. Fuerza y valor, sobre todo mucha fuerza.

   A ti, Vicentín, Vicen, amigo mío, que decirte. Que decir al barroco oral por antonomasia. Intenta ser fuerte, hoy más que nunca, y ten seguro que tienes las manos y brazos de tus amigos leoneses para apoyarte. Los que fueron tus compañeros de agrupación cuando tocaste en nuestra urbe, a los que acompañaste como abanderado, tus amigos de la Cofradía, y los papones de León que encontraste en tu camino, y los que, como a mí, has conocido en tu último "destierro".

   Estoy seguro, Vicen, que tus baquetas volverán a volar y a cada golpe procurarás ser más certero aún si cabe, porque Díez, desde allí arriba, te estará mirando y observando, con el pecho henchido de orgullo por tu constante esfuerzo de superación en cada reto que emprendes. No tengo la menor duda.

   Un gran abrazo, hermano, más fuerte que nunca.


Lectura del Acta anterior