Como en toda pasión que se precie, existen los daños "colaterales", los que sufren habitualmente nuestros allegados, que durante diez días no tienen un hijo, un marido, o un hermano, sino un medio pensionista que retorna al hogar sólo para dormir y cambiarse de ropa.
Son diez días en los que estos locos papones viven en la calle, a pie de itinerario y saca, donde hay que soportarles y entenderlos, aunque sea muy difícil comprenderles.
Tal vez, de todos los que rodean al papón (o papona), lo mayores damnificados son sus "laterales", véase novia o mujer (novio o marido), que ven con estupor como no es que se vaya con otras, sino con Otra, ni que se vaya con otros (ahora que está tan de moda), sino con Él. Y, o vives también esa Pasión, o no tendrás más remedio que saber que te han dejado abandonada, tirada como una colilla.
Esto es lo que le pasa a mi amiga Salomé: su novio es papón; esa es su cruz.
Salomé ha tardado en aprender que el viernes de Dolores su chico sea un "culo inquieto", de vocación meteorólogo, por la cantidad de veces que mira al cielo y consulta el zaragozano. Que ha buscado desde hace mucho rato un puesto en la calle de los Herreros. Es el primer día, y se nota la ilusión, la inquietud, esa sonrisa tan rara de enamorado, aunque Salomé sabe que no es por ella. Le ha costado, pero a llegado a saber que para ella son diez días de calvario. Que el café se toma más temprano de lo habitual, que el irse de cortos por el Húmedo ya no va en función de la tapa, o de los locales a su gusto. Ni siquiera obedece a la ruta de la limonada. Sus itinerarios vespertinos son los de la procesión. Toca apurar el corto, porque está segura que de otro modo se quedará en el bar sola. También ha comprobado que los paseos han retrasado su hora, y que lejos de sus calles favoritas, donde acostumbran a ir de la mano, pasean... una filas más atrás, siguiendo la procesión, ese paso, esa banda,...
Y que decir del día que su chico sale en procesión. Se ha cansado de decirle en que sitios estará (y pobre de Salomé sino lo cumple) por activa y por pasiva. Incluso sabe que le ha de acompañar al lugar de salida, para que la deje olvidada en cuanto vea a sus compañeros, sabiendo que ese día será abandonada a su suerte.
Y un año más irá a esperarle a la recogida, donde su esforzado muchacho habrá luchado por poder llevarla unas flores de su paso, con una sonrisa tonta, mientras la pobre Salomé no se atreve a decirle que es alérgica a las flores.
Salomé sonríe y es feliz. Es muy feliz porque sabe que le quedan trescientos cincuenta y cinco días para hacerle pasar de verdad una dura penitencia a su novio. Una venganza que ella siempre sirve fría.
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