| No puedo dejar el Rock |
Al olmo viejo, hendido por el rayo
Tal vez mi último artículo era premonitorio de mi propio estado de ánimo, en el cual negaba mi propia realidad, mientras arengaba a unas huestes imaginarias a continuar con esta Semana Mayor. Incluso empecé la cuaresma con buen humor, altas dosis de ironía y mucho cinismo, pero a medida que ha ido transcurriendo ésta última, me he apropiado de las palabras de Simeón, que salvando las distancias (abismales) y aplicándolas a mi propia persona, sólo puedo reflexionar sobre ellas: Y una espada traspasará mi alma, para que se descubran los pensamientos ocultos en mi propio corazón. Se opone este pesimismo mío a la editorial del Cabildo del Gobierno, y en la propia carta de mi Alcalde, en el boletín de mi Cofradía, que este año celebra el 475 aniversario de su fundación, y el 350 de la contratación de nuestra imagen titular, donde anima, o más que animar, exhorta a la participación activa en las procesiones y demás actos de la hermandad, como respuesta a unas inquietudes no planteadas con anterioridad. La desilusión ha entrado en mí. Mi corazón se ha hecho añicos. Ya no siento ese “me está mirando, tenemos que salir”, porque no dejo de ver un trozo de chopo, aunque sólo sea pino. El estaribel montado se ha venido estrepitosamente abajo, arrasando todo lo que ha encontrado a su paso. Donde los autodenominados pro-hombres de esta semana de pasión nuestra no cesan en su empeño de alimentar y engordar su ego, caiga quien caiga, y poniendo la excusa de algo que les queda muy grande, se atreven, incluso, a profanar lo que el Padre Curro diseñó, recibiendo sus palmaditas en la espalda por los que saben tan poco como ellos. Tal vez esa haya sido la gota que ha colmado mi ser. Todo está consumado. Ya no me queda nada, sólo el rock, parafraseando al gran Yosi: Puedes atrapar el viento, llevar a casa el mar, evitar que pase el tiempo, pero no puedes, no puedes dejar. No, no puedes dejar el Rock. Y de momento es lo único que me queda, a pocos días para que comiencen las procesiones y inunden nuestras calles y plazas. Es el único sitio donde aún abrigo y aguardo la esperanza, porque siempre aparecerá un Johny Rotten capaz de defenderse diciendo que no somos monos para que puedan hacer con nosotros lo que quieran, como respuesta a la invitación a la gala de su inclusión en el Rock&Roll Hall Fame. Con esa esperanza como último reducto, aguardo esta Semana Santa, concluyendo, al igual que empecé, con los versos de Machado como moralina. Mi corazón espera |