Conversaciones con Paponio (4)

Hoy he quedado con mi amigo Paponio para tomar un café, pero no voy a ir. Lo tengo decidido, hoy no voy a acudir a la cita con nuestra muy personal tertulia cofrade. Ya me inventaré algo, como un dolor de cabeza o cualquier otra excusa. Y es que mi amigo me hablaría una vez más del oropel, de las flores, de los "mega-pasos" de su "mega-cofradía", de la procesión del corpus. En fin, de nimiedades. Con lo que está cayendo no tengo el alma para tales lindezas. No podría mantener una mínima conversación con Paponio sobre lo pasional-semanasantero cuando estoy oyendo los gritos de desesperación de un ser humano al que le están cortando la cabeza con un cuchillo mientras sus asesinos lo graban en video, o cuando veo horrorizado en la portada de algún periódico cómo una militar americana se mofa ante un iraquí agonizante por muy cabrón que sea.

Se me revuelven las tripas y me dan ganas de renunciar a la pertenencia al club del Ser Humano, pero como no puedo, no me queda más que morderme los labios y callarme. Paponio probablemente rezaría, yo sólo callo y maldigo para mis adentros a todos aquellos que de la vileza hacen su "modus vivendi".

Terrible, sencillamente inefable. Así que decididamente llamaré a mi congénere, honrado él eso sí, aunque un poco bruto, y le contaré una milonga que suene a disculpa creíble. Y yo mientras, esperando a que el universo conspire para que la humanidad cambie.


Lectura del Acta anterior