Conversaciones con Paponio (16)

    Me pregunta Paponio que cómo he pasado el verano, y yo le contesto que un tanto desgarrado y con otra mancha más de negro alquitrán en el corazón. Y me pregunta Paponio que cómo va lo del Museo de Semana Santa, y yo le digo que ni idea, que las obras van a todo ritmo pero que no sé si a ritmo de corneta y tambor o de mambo y salsa, porque ya se sabe que el fin último del ex-palacio lo deben conocer sólo en el “Hades”, por eso de que entre políticos anda el juego.

    El otro día leía y veía en La Horqueta el asentamiento de la Virgen del Desconsuelo de la cofradía del Desenclavo en la iglesia parroquial de Villamoros de Mansilla, por lo que ya sumamos una talla más salvada de la ignominia de esa mastodóntica sede ganadera en la que se encuentran la mayoría de las obras del patrimonio escultórico semanasantero leonés.

    Y es que a mí personalmente se me cae la cara de vergüenza cuando tengo que hablar de las excelencias de nuestra Semana Santa a los visitantes que acuden a la ciudad, de esa Semana Santa declarada ya casi de interés turístico interestelar, pero que tiene que compartir asiento con boñigas de vaca, ratones y balas de paja.

    Pero por lo que se ve, eso no debe preocupar a muchos. Es más, no hace tanto tiempo algún dirigente cofradiero capitalino se permitió el lujo de decir que el museo no era una prioridad.

    Pues nada, sigamos así, y cuando un amigo, primo o conocido de, Híspalis por ejemplo, venga a conocer nuestra Semana de Pasión, pidamos la llave del Mercado Nacional de Ganados y llevémosle a ver La Cena de Victor de los Ríos, y de paso admiremos algún ejemplar de raza frisona.

    ¡ Ay Paponio de mis amores!


Lectura del Acta anterior