Conversaciones con Paponio (20)

    Me he acercado Paponio, en estos fríos días de asueto navideño a la Casa de Botines, léase Caja España, a contemplar una de las mejores exposiciones que la entidad financiera ha promovido en León. El espectador, absorto, asiste con deleite artístico incluido a la contemplación del retablo renacentista de la Imperial iglesia de Santa María de Palacio en Logroño, que con motivo de su restauración ha sido desmontado pieza a pieza y, así puede ser tocado, casi acariciado si el pudor y el respeto no lo impidieran. A la altura de tus ojos se muestran plenos de fuerza y color Cristos y Vírgenes, Santos y Demonios que una vez vueltos a su estructura de hornacinas y encaramados en lo alto del conjunto se me antojan muy lejanos, esplendorosos pero muy lejanos.

    Y todo esto Paponio viene a cuenta del placer estético del que vengo siendo defensor desde que tengo uso de razón plástica.¡Más estética y menos ética barata! Es mi lema, y por supuesto en lo tocante a Semana Santa no podía ser menos. ¿Por qué un descreído como yo no puede sustraerse a ese mundo de templos e inciensos? ¿Qué me impide torcer la vista ante la llegada a mi altura de un cortejo procesional por pequeñito y simple que sea, cuando no voy a su encuentro? Claramente responde al criterio de disfrute estético, esa puesta en escena tan impresionante que para los creyentes es una catequesis en la calle y para mí resulta un goce que entra por los ojos y se instala en el cerebro. Quizás me ocurriría lo mismo si los desfiles fueran mahometanos, hindúes o budistas pero, es el caso que vivo en un contexto cristiano-católico y es esa la realidad que conozco y de la que puedo hablar.

    El culmen plástico por excelencia en lo tocante a iconografía pasional es, a mi modo de ver, el Barroco, lo que no me impide no sólo no denostar sino alabar al resto de manifestaciones escultóricas.

Es patente el gran realismo que adorna a la escultura barroca, manifestación artística al servicio de un ideal que no es otro que el de la Contrarreforma, cuyo principal objetivo meramente catequético pretende facilitar la contemplación de los grandes protagonistas de la Fe así como sus hazañas.La riqueza y profusión de detalles que las piezas de madera policromada presentan en sus ropajes, así como el colorido y la minuciosidad que el escultor emplea en la talla de Vírgenes y Cristos, es lo que tanto llama mi atención.

    Pero no por ello dejo de considerar interesantísima la preocupación renacentista por dotar a sus esculturas de belleza y equilibrio, esculturas que ya desde este momento serán de madera policromada a diferencia del Gótico, que daba primacía a la piedra. Y por supuesto, admiro la aportación escultórica de los siglos XIX y XX, que son, al menos en León, el granero de nuestros conjuntos procesionales en Semana Santa.

    Estoy seguro Paponio que intentarás taparme la boca poniéndome ejemplos de tallas novísimas que puede que no alcancen un nivel mínimo para ser consideradas obras de arte, pero bien te podría decir que un grano no hace granero, y que quién sabe lo que las generaciones venideras opinarán al respecto. Por eso yo soy partidario de que los tiempos presentes sean juzgados por la historia, por eso de la perspectiva que todo lo objetiviza y ... aquí paz y después gloria.

                            * En esta majestad de la madera
                            el oro canta y el dolor: estatuas.
                            Es llama inmóvil, turbulencia augusta,
                            agua sin manantial. Aquí la muerte
                            se reconcilia con la luz. Estatuas.
                            Máscaras ciegas de la eternidad.

    Amén. Mejor no se podría decir y por lo tanto yo callo.

 

* Poema de Antonio Gamoneda.


Lectura del Acta anterior