Conversaciones con Paponio (28)

    Aquí me tienes de nuevo Paponio, a la carga en la Red de redes, desfaciendo entuertos y luchando dialécticamente contra molinos, aunque mucho me temo que de nada servirá.

    Todo ello viene a colación de la sana envidia que este verano he sentido al darme cuenta de que otras localidades semanasanteras de nuestro entorno se lo “montan” infinitamente mejor que en esta antigua Legión romana.

    Y es que como el verano da para tanto, he tenido ocasión de visitar Zamora, Medina de Rioseco, Salamanca y Ciudad Rodrigo, y en todas ellas se me han afilado los dientes al ver cómo se mima el patrimonio cofradiero en esas localidades.

    De todos es conocido el Museo zamorano que, dejando aparte discusiones sobre su estética, muestra de forma dignísima y durante todo el año la mayor parte de los pasos de la Ciudad del Duero.

    El caso de Medina es digno de mención, pues maravilla ver cómo una población tan pequeña saque tanta partida a su patrimonio procesional, empezando por el impresionante museo de Semana Santa al que se le unen todas las iglesias que muestran su legado procesional.

    También me llamó la atención cómo Salamanca, una ciudad incorporada al circuito de Pasiones de “relumbrón” hace muy poco, presta su templo catedralicio y otros muchos para servir de escaparate a la escultura pasional de las Hermandades.

    Un caso similar le ocurre a Ciudad Rodrigo que junto al tirón que siempre supone el organizar la magna exposición de Las Edades Del Hombre, ha sido capaz de aprovechar su potencial, permitiendo a propios y extraños visitar auténticas obras de arte imaginero en templos y espacios expositivos.

    Y ahora me pongo a hacer un repaso mental de aquellas tallas que en nuestra ciudad pueden ser visitadas durante todo el año, y me sobra con los dedos de una mano.

    ¡ LAMENTABLE!

    Y todo esto es culpa de… autoridades civiles y eclesiásticas que no hacen sino mirarse el ombligo, contar dinero y ansiar votos. Y por supuesto es culpa de las propias cofradías y de su Junta que no son capaces de mirar a la tierra y ver algo más que tierra. Y es culpa de la mayor parte de paponas y papones leoneses, preocupados solamente en ir a su procesión el día que les toca. Y es culpa de esa apatía generalizada que a todos nos envuelve por estas riberas del Bernesga y el Torío.

    En fin Paponio, que así es si así te parece y así te lo he contado.

    Un abrazo.


Lectura del Acta anterior