| Conversaciones con Paponio (41) |
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CORPUS CHRISTI, Paponio, o la ceremonia del olor y la fragancia. Así podríamos definir al CORPUS de Toledo. Una ciudad volcada en torno a una fiesta religiosa convertida en algo más. Es la fiesta por excelencia de la ciudad del acero. No se conforman con celebrarla el Jueves, sino que hacen doblete el Domingo y eso crea un maremagnum de gente, aroma, plasticidad y fervor. Ni que decir tiene que todo el casco histórico se transforma en un recorrido entoldado lleno de banderas, colgaduras y tomillo, que mezclados con el aroma del incienso le confieren al entorno un ambiente muy especial. Y las músicas y cantos que todo al unísono regalan el oído de propios y extraños. Y todos los “figurantes” del cortejo, asociaciones, cofradías y órdenes que acompañan al clero que no deja de vitorear y aplaudir la carroza del Santísimo. Carroza magistral de Juan de Arfe que contribuye a disfrutar del ARTE con MAYÚSCULAS. Cuando la procesión toca a su fin, y se adentra en el templo catedralicio, eso es el apoteosis. Estruendo de carracas con campanillas, petaladas, voces, aplausos ensordecedores. Hay que estar allí para vivirlo. Esto es la fiesta del CORPUS en Toledo (como la de León más o menos). Se me entiende ¿no? Bueno, Paponio, un abrazo y que el verano te sea
propicio. |