40 años de Perdón, Paz y Esperanza

40 años de Perdón, Paz y Esperanza   Este año se cumplen cuatro décadas de la erección canónica de la Cofradía del Santo Cristo del Perdón. Ahí es nada, 40 años de penitencia franciscana, pero sobre todo 40 años de Perdón, Paz y Esperanza, como bien nos dicen las advocaciones de sus imágenes procesionales. Y llegando entonces de los barrios industriales en aquellas calendas, convertido hoy en una zona cosmopolita, donde conviven varias culturas.
   Ese Perdón que han conseguido llevar a varios reclusos de nuestra prisión provincial, que gracias a ese Cristo doliente, que con las rodillas sobre el Gólgota súplica perdón para toda la humanidad.
   Esa Esperanza que llevan a los residentes en el Asilo de las Hermanitas, cuando el Martes Santo les llevan un trozo de esta nuestra Semana Santa, a la que es su casa y a donde regresan el glorioso Domingo de Pascua, para seguir dando compañía a esos venerables ancianos.
   Paz, una deuda pendiente de este Mundo, ojalá esa virgen que procesiona bajo palio, pudiera mediar en la consecución de ese milagro y nunca más oyéramos hablar de los conflictos de Iraq, el Congo, Afganistán, Sudán, Cachemira, Chechenia, el Sahara Occidental, Colombia…. y tantas otras guerras fraticidas que asolan el planeta en cualquiera de sus continentes. Cobrándose una multimillonaria carga en el mayor tesoro que tenemos, la vida.
   Puede que la Cofradía del Santo Cristo del Perdón, no destaque entre nuestras compañías penitenciales, por poseer enseres y pasos de gran valor artístico. Pero si están a años luz de otras cofradías, en su dedicación al prójimo, ya que bien dicen los Santos Evangelios "…que no da más el que puede, sino el que quiere…". Y desde luego en eso nada se puede exponer en su contra, ni en seguir las enseñanzas del santo de Asís. Sin duda aprecian más las riquezas del espíritu, que las terrenales, y que gran razón tienen en ello.
   Quién no recuerda con cierto cariño a esos papones que farol en mano, cruzaban esas dos grandes barreras, como son el paso a nivel y el río Bernesga, para llegar a la ciudad a hacer el bien. Ya fuera en la Prisión de Puerta Castillo, o en la Prisión del Parque y cuando los ciegos políticos, dieron cerrojazo a sus aspiraciones encontraron otra etapa en su camino los solitarios ancianos del Asilo de las Hermanitas. Y a pesar de recuperar su fin primigenio de liberar al que carece de libertad, no se olvidaron de los ancianos.
   Para terminar me gustaría que el próximo Martes Santo, cuando veamos a esos penitentes de hábito franciscano, con el farol en la mano, pensemos que están caminando sin dudar a ofrecer Perdón, Paz y Esperanza.


Lectura del Acta anterior